La novela en el siglo XX

RESUMEN DE LAS TENDENCIAS Y LOS AUTORES MÁS REPRESENTATIVOS DE LA NOVELA EN EL SIGLO XX

Grito-Munch

A. LA RENOVACIÓN DE LA NOVELA EN EL SIGLO XX: PROUST, MANN, JOYCE Y KAFKA

1. MARCEL PROUST

2. THOMAS MANN

3. JAMES JOYCE

4. FRANZ KAFKA

B. VIRGINIA WOOLF Y EL GRUPO DE BLOOMSBURY

1. EL GRUPO DE BLOOMSBURY

2. VIDA

3. OBRA

C. LA REVOLUCIÓN NOVELÍSTICA DEL SIGLO XX EN ESTADOS UNIDOS: LA GENERACIÓN PERDIDA, LA LITERATURA SUREÑA

1. LA LITERATURA SOCIAL

2. THE LOST GENERATION

3. LA LITERATURA SUREÑA

4. LA NOVELA DESPUÉS DE LA GUERRA Y LA BEAT GENERATION

D. LA REVOLUCIÓN NOVELÍSTICA DEL SIGLO XX EN FRANCIA: LA NOVELA EXISTENCIALISTA Y EL NOUVEAU ROMAN

1. LA NOVELA EXISTENCIALISTA

1.1. ALBERT CAMUS

1.2. SIMONE DE BEAUVOIR

1.3. JEAN PAUL SARTRE (1905-1980)

2. EL NOUVEAU ROMAN FRANCÉS

E. LA NOVELA A PARTIR DE 1970


Principios del siglo XX

A. LA RENOVACIÓN DE LA NOVELA EN EL SIGLO XX: PROUST, KAFKA, JOYCE Y MANN

La novela del siglo XX recoge algunos elementos del siglo anterior que fundamentarán muchas de sus características. La evolución del pensamiento filosófico, las ideas sociales, las teorías políticas y el progreso científico contribuyeron a crear una nueva orientación de la novela hacia 1870, y serán autores paradójicamente poco leídos en su tiempo los que van poniendo en marcha radicales ataques a la imagen vigente del mundo.

El siglo XX alumbrará una forma de hacer novela emancipada de las fórmulas tradicionales; deja de ser puro entretenimiento para convertirse en testimonio de conocimiento, preocupación intelectual y reflejo de profundos problemas humanos. Pero, más importante que el enriquecimiento temático resultará la renovación técnica, el cambio radical de la estructura: desplazamiento del punto de vista narrativo, enfoque de una acción desde distintas perspectivas, ruptura de la secuencia temporal, contrapunto, monólogo interior, etc.

El lustro que abarca desde 1920 hasta 1924, se mostró pródigo en la publicación de obras sumamente significativas. En esos cinco años verán la luz El Castillo y El proceso, de Franz Kafka; El mundo de Guermantes, de Marcel Proust; Ulises, de James Joyce y La montaña mágica, de Thomas Mann. En toda esta narrativa se impone una poderosa introspección anudada a un mágico mundo subyacente. Una consecuencia de este nuevo viraje es el autoanálisis intelectualista de Marcel Proust o la honda penetración de Joyce en los menores secretos de sus protagonistas. Frente al enfoque desde el punto de vista del autor, prolifera el autobiografismo; la narración pasará, por tanto, de la tercera a la primera persona.

 Proust

1. MARCEL PROUST (1871‐1922)

 Marcel Proust es el novelista perfecto para ilustrar la recreación de la realidad como historia interior del narrador, la reintegración del pasado. Después de publicar un libro de ensayos y bosquejos, Les plaisirs et les jours, irá anotando durante años, en sus cuadernos, notas, impresiones, rasgos del lenguaje, gestos y actitudes de la gente que conoce en los elegantes salones parisinos, hasta construir, en opinión de André Maurois “un mosaico con un plan preestablecido”.

En 1906, aislado tras la muerte de su madre en una habitación silenciada con revestimiento de corcho, comienza la redacción de su gran obra cíclica En busca del tiempo perdido, en la que su aspecto más significativo ya está resumido en ese título general del ciclo, ya que el tiempo es el principal protagonista de las novelas de Proust. El autor vive obsesionado por su huida, por su implacable influencia en las personas y las cosas, y siente el anhelo de apoderarse de los singulares momentos de felicidad y fijarlos mediante un esfuerzo de concentración íntima. Su procedimiento narrativo, lleno de logros expresivos en el que sobresalen las metáforas, es el tempo lento.

Proust fue desplazando hacia el final de su enorme obra lo que había sido su arranque reflexivo y teórico, en el que la inteligencia se criticaba a sí misma para dar la primacía a la memoria, sobre todo cuando ésta se pone en marcha involuntariamente, sacudida por algún objeto evocador (como en el famosísimo pasaje de la magdalena), resurrecciones de la memoria que ocultan para el novelista “no una sensación de otro tiempo, sino una verdad nueva”.

Thomas Mann

2. THOMAS MANN (1875‐1955)


Thomas Mann está considerado uno de los novelistas más profundos del siglo XX, y, en ocasiones, se le ha caracterizado como “narrador de ideas”. Ensayista de prestigio, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1929 y cuatro años más tarde, la llegada de Hitler al poder, lo arrastró a un largo exilio por Francia, Suiza y Estados Unidos.

Sus obras más significativas son Los Buddenbrook, la excelente novela corta La muerte en Venecia (objeto de una bellísima película de Luchino Visconti) y la que está considerada como su obra maestra, La montaña mágica. Su producción narrativa culmina en 1947 con El doctor Fausto, densa visión del mito goethiano, proyectado como un símbolo de la intelectualidad alemana.

En La montaña mágica algún crítico ha querido ver la decadencia de una sociedad y su protagonista, desplazado de su cómodo ambiente burgués, parece personificar la perplejidad del hombre contemporáneo, en medio de una acción narrada cronológicamente, aunque interrumpida en alguna ocasión por los recuerdos del protagonista, que nos ofrece una visión indirecta de algunas circunstancias pasadas. También cabe destacar la evocación de algunas escenas infantiles, utilizando un procedimiento imperfecto de diálogo interior, todo ello circunscrito, como en Proust, a un “tempo lento”, en el que la narración parece a veces estancarse.
Joyce

3. JAMES JOYCE (1882‐1941)

James Joyce es, sin duda, el nombre descollante entre la literatura de lengua inglesa del periodo que consideramos. Su influjo ha renovado y modificado la literatura, pudiendo considerarse lo más radical de su aportación la autoconsciencia del lenguaje. Tuvo este autor un solo tema como material de su obra: el Dublín de su niñez y juventud, y, sin embargo, rehuyó ser considerado como escritor irlandés. Él sabía muy bien que su grandeza no dependía de su tema: su genio literario se podría haber aplicado igualmente a otro contenido biográfico y geográfico.

El escritor dublinés, escribió unos relatos sencillísimos sobre su mundo juvenil, titulados, precisamente, Dublineses, algunos pura estampa descriptiva, aunque el último –Los muertos‐, alcance un hondo sentido romántico dentro de su sobriedad.

Cada uno de los dieciocho capítulos que conforman el Ulises, la obra magna de este autor y recreación libérrima de la obra griega, ofrece una voz peculiar, o dos ya que una de ellas puede ser la “palabra interior” o “flujo de conciencia” de alguno de los personajes, la deriva de la inevitable fluencia lingüística propia de toda mente, y que se presenta, al menos aparentemente, como “grabada” en directo, en su estado original. Aparte de la “palabra interior” –método narrativo que se puede rastrear en otros autores aunque con resultados mucho más desdibujados‐, hasta la parodia de estilos ajenos, o de tonos periodísticos, o hasta la fantasía entre teatral y cinematográfica.

A lo largo del vagabundear de los personajes, Joyce nos ofrece una jungla de imágenes y voces donde no es fácil ir siguiendo la simple acción real que apenas se entrevé, conducida por capítulos opacos en ocasiones, estimulantes o crueles otras veces, hasta conducirnos al último de ellos, donde Molly –en maligno contraste con la fidelísima Penélope‐, desgrana ocho larguísimas frases, cuya ausencia de puntuación refleja la vaga deriva de su mente adormilada.

Kafka

4. FRANZ KAFKA (1883‐1924)

Para abordar la figura de Kafka no cabe ignorar que toda la obra que él quiso publicar y publicó, cabe en menos de doscientas cincuenta páginas. Entre ellas figura Conversación con el rezador, Conversación con el borracho, La metamorfosis, etc. El legado póstumo consiste en poco más de quinientas páginas de otros esbozos de relatos, observaciones y aforismos, más tres novelas inacabadas –El proceso, El castillo y Amerika‐ , así como su Diario y Carta al padre.

Pero consta que encargó a su amigo y albacea Max Brod que quemara todos esos escritos inéditos, porque, simplemente, le parecían a medio hacer. Brod, sin embargo, los conservó y ello es de agradecer, pero no se puede pasar por alto su carácter incompleto.

A primera vista, Franz Kafka tienta a alguna interpretación autobiográfica o social, pero, a la larga, resulta refractario a ella. Es inevitable decir que La metamorfosis sea expresión de sus disgustos con su padre –(“eres un bicho”, en sentido de “insecto”), le había dicho una vez‐, y, sin embargo, resulta ser mucho más, y aun otra cosa que eso. En cuanto al protagonista de El proceso, se ha dicho que es más que el símbolo de una vida como absurda tragedia: preanuncia muchos de los conflictos del hombre contemporáneo, víctima del engranaje del poder burocrático y totalitario. Sin embargo, tanto los hechos como los personajes de esa novela, acaban escapándose de ese presunto foco de sentido.

El adjetivo “kafkiano” se emplea en un sentido general de horror, pero también en un sentido más concreto, expresando la situación que se produce, por ejemplo, cuando somos arrastrados por algún mecanismo administrativo o policíaco. Se podría afirmar que en la obra de este autor se conserva siempre el mismo supuesto básico: la peculiar lógica de los sueños, que, mientras los soñamos, parecen coherentes y necesarios, pero, si los recordamos al despertar, los reconocemos como ilógicos en sentido racional y moral, aun sin poder despegarnos por completo de la trabazón que parecían comportar, y que nos sigue perturbando como una persistente alusión a algo escondido.

Los protagonistas de La metamorfosis y El proceso, abren los ojos en la cama al empezar sus relatos, y no cabe decir si llegan nunca a despertar de veras o si siguen arrastrando el sueño, mezclado con la realidad, hasta que mueren en esa ambigüedad. Pero en Kafka, aparte de esa ambivalencia entre semisueño y semivigilia, hay a veces otro elemento: el desarrollo ad absurdum de una hipótesis o de una idea, según su propia lógica interna. (Aquí, en este lado nada inquietante y casi divertido, es donde cabría decir que Borges tiene que ver con Kafka). Para terminar, podemos apuntar que nuestro autor también nos ofrece situaciones cómicas conseguidas con parábolas abstractas y que refuerzan la imagen de este escritor, en su conjunto, como inquietante a la vez que elusivo.

Virginia Woolf

B. VIRGINIA WOOLF Y EL GRUPO DE BLOOMSBURY

1. EL GRUPO DE BLOOMSBURY

Durante el período de entreguerras, Woolf fue una figura significativa en la sociedad literaria de Londres y un miembro del grupo de Bloomsbury, nombre con el cual se designa al conjunto de intelectuales británicos que destacaron en el terreno literario, artístico o social. Recibió el nombre del barrio en el que se situaba la casa de Virginia Woolf y su hermana, en la cual se reunían. El círculo de Bloomsbury tenía en común el desprecio por la religión y el realismo decimonónico, y se consideraban de ideología liberal y humanista.

2. VIDA

Virginia Woolf, nacida en Londres en 1882, fue una novelista, ensayista, escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos británica, considerada como una de las más destacadas figuras del modernismo literario del siglo XX (no confundir con el modernismo hispanoamericano).

Durante su vida, sufrió una enfermedad mental hoy conocida como trastorno bipolar. Después de acabar el manuscrito de una última novela, publicada póstumamente, Entre actos, Woolf padeció una depresión parecida a la que había tenido anteriormente. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa de Londres durante el Blitz y la fría acogida que tuvo su biografía sobre su amigo Roger Fry empeoraron su condición hasta que se vio incapaz de trabajar. Además sufría frecuentes brotes psicóticos que, finalmente, la llevaron a un desgraciado final. En marzo de 1941, a los 59 años de edad, Woolf se suicidó. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse, cerca de su casa, y se ahogó.

3. OBRA

Las preocupaciones habituales de Virginia Woolf son: las difíciles relaciones entre hombres y mujeres, la ignorancia sexual, el lugar de mujeres como ellas -de clase alta- en la sociedad victoriana...
Sólo tras la publicación de La señora Dalloway (1925, obra en la que vuelca sus enfermedades y trastornos psíquicos), Las olas (1931) y Al faro, los críticos comenzaron a elogiar su originalidad literaria. En estas obras destacan la maestría técnica y el afán experimental de la autora, quien introducía imágenes propias de la poesía en sus narraciones. Woolf experimentó con especial interés con el tiempo narrativo, tanto en su aspecto individual, en el flujo de variaciones en la conciencia del personaje, como en su relación con el tiempo histórico y colectivo. Así, Orlando (1928) constituye una fantasía libre en que la protagonista vive cinco siglos de la historia inglesa.

Lo que le es realmente característico, lo que la hace prominente entre sus contemporáneos es precisamente que trató de hallar un camino nuevo para la novela, apartándose y dejando de lado el realismo imperante y abandonando la convención de la historia o argumento, así como la tradicional descripción de los personajes.

Escribió asimismo una serie de ensayos que giraban en torno de la condición de la mujer, en los que resaltó la construcción social de la identidad femenina y reivindicó el papel de la mujer escritora, como en su obra Una habitación propia.

Fitzgerald

C. LA REVOLUCIÓN NOVELÍSTICA DEL SIGLO XX EN ESTADOS UNIDOS: LA GENERACIÓN PERDIDA, LA LITERATURA SUREÑA. LA LITERATURA TRAS LA GUERRA Y LA BEAT GENERATION

1. LA LITERATURA SOCIAL

Dentro de lo que podríamos llamar literatura social o comprometida,es decir, aquella que tiene como objetivo denunciar la realidad, la sociedad en la que se produce, podríamos hablar de varios grupos generacionales de distintos países:
  • los neorrealistas italianos, con Alberto Moravia en cabeza;
  • los realistas socialistas rusos y su arte al servicio de la revolución del proletariado, Máximo Gorki (La madre), Mijaíl Sholojov;
  • los disidentes soviéticos, con Boris Pasternak (Doctor Zhivago) y Alexandr Solzhenitsin (Archipiélago Gulag) como autores más destacados;
  • el realismo crítico alemán (“literatura de escombros”), con Heinrich Böll (Opiniones de un payaso) y Günter Grass (El tambor de hojalata);
  • el realismo mágico hispanoamericano, que incluye nombres tan destacados como Miguel Ángel Asturias (El señor presidente), Alejo Carpentier (El siglo de las luces), Juan Rulfo (Pedro Páramo), Gabriel García Márquez (Cien años de soledad), Julio Cortázar (Rayuela), Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros)...
Pero aquí de lo que vamos a hablar sobre todo es del importante cambio novelístico que se produjo en Estados Unidos, gracias a la acción narrativa de los autores de la Lost Generation, la Generación perdida.

Hemingway


2. THE LOST GENERATION, LA GENERACIÓN PERDIDA NORTEAMERICANA

Tras la Primera Guerra Mundial, transcurre un periodo de tiempo denominado los "felices años veinte", en los cuales la juventud norteamericana se entrega al jazz, al alcohol, al baile... y que finalizarán con la caída de la bolsa de Nueva York en 1929. Ésta época encuentra su mejor expresión literaria en las obras de unos narradores que forman la llamada Generación perdida, la cual se caracteriza por su visión crítica de la guerra y de la sociedad norteamericana.


Algunos de los autores más destacados son:

John Dos Passos:

Fue el mas comprometido políticamente y el más innovador en técnicas narrativas. En sus obras Manhattan Transfer y U.S.A. nos muestra la cara oculta de América, utilizando un montaje cinematográfico.

John Steinbeck:

A partir de sus experiencias obtiene un gran conocimiento de la gente humilde que luego trasladaría a sus novelas. En Las uvas de la ira narra con sencillez el peregrinaje de una familia por todo el país en busca de trabajo.

Ernest Hemingway:

Destaca por la gran movilidad de sus personajes en resortes estamentales: la violencia, el amor físico...; desafiando al destino para sobreponerse a la muerte y buscando consuelo, como el autor, en la bebida. En Adiós a las armas ofrece una visión decepcionante del amor y de la guerra a partir de sus experiencias como soldado. Por quién doblan las campanas, ambientada en la Guerra Civil española, alaba al espíritu del sacrificio y de la solidaridad.

Scott Fitzgerald:

Fue quien mejor representó el malestar de su época. Aficionado a la vida de lujo, acabó arruinado y despreciado por el público. En El gran Gatsby, una de sus obras más importantes, utiliza la propia experiencia para retratar a toda su generación, carente de valores morales.


Faulkner

3. LA LITERATURA SUREÑA

El "profundo Sur" estadounidense es muy diferente al Norte, industrial y yanqui. El Sur tiene sus propias tradiciones, su mestizaje cultural atizado durante siglos con la lacra de la esclavitud, su música, su literatura... Walt Whitman, Ernest Hemingway, Arthur Miller, etc., son representantes de la cultura yankee. Autores como Edgar Allan Poe, Mark Twain, William Faulkner, Truman Capote y tantos otros, representan magníficamente al Sur.

Se suele decir, al hablar de la Generación perdida americana, que Hemingway y Faulkner representan dos maneras distintas de hacer literatura: el primero usa un lenguaje directo, periodístico, de frase corta, antirretórico. El segundo es heredero de los renovadores europeos James Joyce y Marcel Proust y gustaba de hacer frases tan largas que, en ocasiones, ocupaban varias páginas. Los dos, sin embargo, recibieron el premio Nobel de Literatura.

William Faulkner: destaca por su tono sombrío con el que pinta un mundo en descomposición, por sus grandes innovaciones técnicas, por su profundo análisis del alma humana y por la brillantez de su estilo. Destaca El ruido y la furia, en la que se narra la decadencia de una gran familia. Empieza a tomar forma el imaginario condado de Yoknapatawpha, que será escenario de otras novelas suyas, como Mientras agonizo. Faulkner formó parte del renacimiento literario sureño que también incluyó figuras como:

Truman Capote, cuya obra maestra es In cold blood (A sangre fría).

4. LA LITERATURA DE POSGUERRA Y LA BEAT GENERATION


Salinger


Novelistas de posguerra

Quizá el más célebre escritor de posguerra sea J.D. Salinger (1919 - 2010), conocido por su novela El guardián entre el centeno (1951) y por la reclusión a la que se sometió desde 1967 hasta su muerte, negándose a dar entrevistas o a publicar más libros.



La generación «beat»

En los años 50, comenzó un movimiento literario en la Costa Oeste, la poesía y la ficción de la Beat Generation, un nombre que se refería simultáneamente al ritmo del jazz, a la decadencia de una sociedad agotada tras la Segunda Guerra Mundial, y al interés por nuevas experiencias mediante drogas, alcohol y misticismo.
  • Jack Kerouac (1922-1969) se convirtió en el miembro más reconocido de este movimiento por su novela En el camino (1957), considerada el "manifiesto" de la Beat Generation. Obra en parte autobiográfica, en ella Kerouac narra los tres viajes que hizo recorriendo el país por la carretera, acompañado de sus amigos.
  • William Burroughs (1914-1997) es autor de novelas como Yonqui (1953) y El almuerzo desnudo (1959). Las novelas de Burroughs se caracterizan por retratar con una extrema crudeza el mundo de la drogadicción, en el que estuvo metido durante años, a través de escenas escatológicas y sexuales muy explícitas. En El almuerzo desnudo recurre a una técnica de escritura llamada cut-up, consistente en reordenar la narración en fragmentos aleatorios con el fin de destruir la sintaxis y la gramática del lenguaje. Como resultado, aquellas obras en las que utiliza este procedimiento tienen cierto nivel de dificultad para su comprensión. 

  D. LA REVOLUCIÓN NOVELÍSTICA DEL SIGLO XX EN FRANCIA: LA NOVELA EXISTENCIALISTA Y EL NOUVEAU ROMAN

El siglo XX fue un siglo de transformaciones en toda Europa y, por supuesto, también en Francia. En concreto, en el terreno artístico y, de modo especial, en el literario, se inició allí un cambio narrativo que influiría en todo el continente. Marcel Proust, francés, se cuenta entre los grandes renovadores de la novela, al lado de Kafka, Joyce, Mann, Woolf... Pero, además, aparecen grandes escritores y escritoras: Sartre, Camus, Beauvoir, Colette, Yourcenar, Robbe-Grillet, Sarraute...


1. LA NOVELA EXISTENCIALISTA

A partir de la 2ª Guerra Mundial y hasta los años 60, un movimiento filosófico llamado Existencialismo dominó prácticamente toda la vida literaria francesa, especialmente en la novela, el teatro y el ensayo.
Jean Paul Sartre y Albert Camus aceptaron a regañadientes una etiqueta impuesta arbitrariamente y cuyo contenido les parecía ambiguo. Sin embargo, el término se impuso y hoy en día sigue refiriéndose a un conjunto de obras cuyo denominador común radica en compartir temas y preocupaciones en un período histórico muy concreto (1945-1955). Fue un movimiento más propio de la filosofía que de la literatura, ya que, en su origen, al anteponer la existencia a la esencia, se definía por oposición al pensamiento racionalista de Spinoza y al idealismo hegeliano, donde se afirmaba que existía una verdad metafísica anterior a la existencia. Lo primero y lo único que el ser humano percibe a través de la angustia vital es precisamente su propia existencia. Inspirándose en la fenomenología de Husserl y en el pensamiento de Heidegger, el Existencialismo se caracteriza por aceptar como única realidad la existencia, analizarla detenidamente para aprehender el significado último del ser humano; afirma que el hombre, para realizarse, es libre de elegir el camino más apropiado a su proyecto personal y que esa realización depende exclusivamente de él. Para llevarlo a cabo, el hombre sólo puede contar con su libertad, que le obliga en cada momento a elegir una opción.

Los temas existencialistas tienen ya un profundo arraigo en la sociedad; temas como: el conocimiento del hombre, el sentido de la vida, la libertad, la muerte como fin ineludible, el problema de la fe como razón de vida, el concepto de autenticidad en la realización de sí mismo, el sentido de angustia causado por la soledad y la necesidad de decidir…

Las respuestas a este nuevo planteamiento se hacen desde dos perspectivas totalmente opuestas:

a) una, de carácter cristiano, que sigue los presupuestos establecidos antes de la 2ª Guerra Mundial, pero con nuevos enfoques, y que está asumida por François Mauriac o Georges Bernanos;

b) otra, de carácter ateo, representada por Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus.



1.1. ALBERT CAMUS

Es uno de los grandes escritores y pensadores del siglo XX. Su obra comprende tanto novelas como ensayos y obras de teatro a través de las cuales desarrolló su pensamiento: la Filosofía del Absurdo.

Albert Camus nació en Argelia. Su padre era labrador y su madre una mujer analfabeta y sordomuda, y es por ello por lo que daba tanta importancia a la falta de comunicación en el mundo, al aislamiento en que según él creía vivía el ser humano. Camus apenas conoció a su padre ya que murió en 1914 en la Primera Guerra Mundial. La madre viuda se trasladó de la provincia a la capital, Argel, donde Camus completó sus estudios de Bachillerato y comenzó la carrera de Filosofía. Tuvo distintos oficios mientras continuaba sus estudios. Se casó con 21 años. Su vida de entonces no le llenaba. Este primer matrimonio duró escasamente un año. En 1934, comenzó su militancia en el Partido Comunista, pero se separó muy rápidamente de él, desencantado de su política internacional. Entre 1936 y 1937, preparó el doctorado sobre las relaciones del helenismo y el cristianismo.

A pesar de sus muchos oficios y sus innumerables problemas económicos, nunca dejó de escribir. En 1938, empezó a desarrollar su obra de teatro Calígula y en 1939 apareció su ensayo Bodas (Noces). Se trasladó a París donde consiguió trabajo de periodista. En 1941, se casó por segunda vez. De este matrimonio tuvo dos hijos. En este mismo año terminó de escribir el ensayo El mito de Sísifo (Le mythe de Sisyphe) y en 1942 publicó la novela El extranjero (L'étranger).

Colaboró con la resistencia francesa y en plena guerra escribió el ensayo Cartas a un amigo alemán (Lettres a un ami allemand). En 1944 estrenó El malentendido (Le malentendu) y con esta obra quedó completada la denominada tetralogía del absurdo. Escribió varias obras más, Estado de sitio (L' etat de siége) (1948), Los justos (Les justes) (1950) y Los posesos (Les Possédés) (1959). Albert Camus recibió el Nobel de Literatura en 1957. Dos años después, en 1959, falleció en un accidente de coche con 44 años.

Una de sus obras más importantes es su primera novela: El extranjero. En esta obra el sentimiento del absurdo está provocado por el desequilibrio entre lo subjetivo y lo objetivo, entre la vida real de Meursault, el protagonista, y la vida que la sociedad entiende que ha de llevar. En ella, el protagonista, el señor Meursault, es una persona indiferente a la realidad por resultarle absurda. Comete un incomprensible crimen y, a pesar de creerse inocente, no puede manifestarse en contra de su ajusticiamiento. Tampoco es capaz de mostrar arrepentimiento. La pasividad y el escepticismo frente a todo, incluida la propia muerte, es su línea de comportamiento.

Los lectores recibieron el libro como una revelación del sinsentido que era la vida “absurda” . El protagonista, encarnaba a un hombre sumido en la crisis de los mecanismos sociales, cuyas palabras altisonantes en realidad eran propuestas irracionales. Para los lectores, pronto Meursault se convirtió en un héroe frente a la sinrazón, hombre libre de convenciones, incapaz de engañar y de engañarse, a quien la sociedad condena precisamente por su torpeza para fingir lo que no siente. Meursault es condenado entonces por su rechazo frontal a la "sociedad teatral" en la que vive.




1.2. EL FEMINISMO EXISTENCIAL DE SIMONE DE BEAUVOIR

Perteneciente a la denominada “Escuela de Sartre”, Simone de Beauvoir (1908-1986) fue compañera del filósofo existencialista, razón por la cual ha quedado relegada a un segundo plano. Su obra El segundo sexo (1949), tuvo y sigue teniendo gran influencia en los medios feministas. Se trata de un estudio en el que la autora propone describir y desmitificar la condición de la mujer. Parte de un análisis de los hechos, mitos, supersticiones, ideologías y experiencia personal. El libro termina animando a las mujeres a luchar contra esa especie de alienación a la que la sociedad burguesa pretende reducirlas en nombre de una tradición infundada y una naturaleza manipulada.



1.3. JEAN PAUL SARTRE (1905-1980)

Escribió una serie de obras en las que expone su sistema filosófico: El ser y la nada (1943) y Crítica de la razón dialéctica (1960).

A partir de 1949, Sartre opta por la literatura política. Su praxis política le lleva a defender la causa de la libertad (rechazo del Premio Nobel). Su obra dramática, publicada en la década de los 40 y 50, refleja la misma evolución ideológica descrita en la novelística. Pretende llevar al teatro los candentes problemas sociales de su tiempo para alertar a la opinión pública.

Algunas de sus obra son: Las moscas (1943) y A puerta cerrada (1944), se reducen a una ilustración mítica e intemporal de su pensamiento filosófico. En Las manos sucias (1948) plantea el conflicto entre el realismo y el idealismo en política.

Junto a la obra novelística y dramática, destaca una serie de artículos doctrinales, análisis políticos, crónicas, estudios de crítica literaria, etc., que fueron recopilados y publicados en varios volúmenes titulados Situaciones.

En cuanto a su doctrina, inspirada en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de Heidegger, se articula básicamente en tres puntos:
  1. Como la existencia precede a la esencia, le corresponde al hombre justificar su existencia y dar sentido a su vida, contando exclusivamente con sus propios recursos, de ahí que ese existencialismo ateo sea interpretado por Sartre como un humanismo.
  2. El hombre es libre y responsable. El ser humano debe vivir su propia experiencia y realizarse mediante actos que vayan definiendo su esencia, ya que éstos están encaminados a cumplir un proyecto previamente establecido por él.
  3. Finalmente, esta libertad radica en la acción.


2. EL NOUVEAU ROMAN FRANCÉS

Los intentos de renovación novelística de la primera mitad del siglo XX dieron lugar, a partir de los años 50, a un tipo de novela: el Nouveau roman, caracterizado por su rechazo tanto a las técnicas como a las nociones clásicas del Realismo del siglo anterior como al Existencialismo que, por aquel entonces, daba prioridad al mensaje y al discurso comprometido.

Respecto al grupo de escritores, no se trata de un grupo heterogéneo ni su producción está concentrada en el mismo período de tiempo. Autores y obras como Murphy o Molloy de Samuel Beckett, Tropismos, de Nathalie Sarraute, La doble muerte del profesor Dupont y El mirón, de Alain Robbe-Grillet. A partir de entonces la crítica los designa, primero, con la etiqueta de Escuela de Minuit (porque todos publican en la editorial Ediciones de Minuit) y, finalmente, de Nouveau roman (por las innovaciones en la escritura).

Al principio, los autores del Nouveau roman no son recibidos de un modo favorable ni por la crítica ni por el público; pero, poco a poco, el público acabó interesándose por esta querella entre conservadores y vanguardistas y los nombres de estos autores saltaron a la fama, tanto en Francia, como en el extranjero.

Innovaciones introducidas por el Nouveau roman:

• El novelista deja de ser omnipresente, desaparece del relato y se limita al papel de narrador anónimo.
• Los personajes se reducen a “una conciencia más amplia, menos antropocéntrica”; una mirada, una voz…
• El relato ha de reflejar el orden ilógico de la vida. Se puede considerar el Nouveau roman como un “neorealismo”.
• El marco espacio-temporal está en función de la experiencia humana y ésta nos dice que actúa tanto con movimientos hacia atrás (pasado=recuerdos) como hacia adelante (futuro=proyectos). El espacio y el tiempo se limitan (una ciudad, una hora…).
• Necesidad de modificar no el contenido, sino la forma de la novela. Nuevas técnicas narrativas.
• El lector también ha de implicarse en este proceso; no puede seguir pasivo.

E.LA NOVELA A PARTIR DE 1970

Posmodernismo

A finales de la década se entra plenamente en la Posmodernidad literaria, una era marcada por la mezcla de géneros, por la intertextualidad en sus diversas formas, por el intento de borrar la separación entre la alta cultura y la popular, por la influencia de los medios audiovisuales y de la música en la creación artística, la confusión temporal, la metaficción y el cuestionamiento de la figura del autor.



La representan autores como Paul Auster, Thomas Pynchon, Don Delillo, Sebald, Susanna Tamaro, Michel Houellebecq, Ballard, Philip K. Dick, Chuck Palahniuk, junto a muchos otros; si se intentara atomizar la posmodernidad en dos obras, se podrían elegir El nombre de la Rosa de Umberto Eco y Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino.

La década de los 1980 está marcada por el auge de la novela histórica, como demuestra el éxito de Umberto Eco o Ken Follet, la literatura de fantasía y el relato de vidas de antihéroes.

No hay todavía suficiente distancia como para tener una imagen clara de lo que significó la última década del siglo XX en literatura pero sí hay tendencias que se pueden destacar, como el nacimiento de la relación con Internet (que llevaría a la narración hipertextual). Se intenta hacer balance, por eso proliferan los rankings de los mejores libros del siglo o incluso de la historia, como el polémico canon de Harold Bloom.


Transmodernismo

Se ha hablado también en las últimas décadas de una tendencia a lo que se empieza a definir como Pots-postmodernismo o Transmodernismo, con autores como Haruki Murakami (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo), Roberto Bolaño (Los detectives salvajes), David Foster Wallace (La broma infinita) y Jonathan Franzen (Huérfanos de Brookling), ya que cada uno de ellos se han tipificado por una oscilación continua, un constante reposicionamiento entre las actitudes y modos de pensar evocados de lo moderno y de lo posmoderno, pero, en última instancia, sugiere otra sensibilidad que no es de ellos, una que negocia entre el anhelo de verdades universales y el relativismo, entre el deseo de sentido y una duda sobre el sentido de todo esto, entre la esperanza y la melancolía, la sinceridad y la ironía, el saber interior y la ingenuidad, la construcción y deconstrucción. El prefijo "meta" aquí no se refiere a alguna postura reflexiva o reflexión repetida, sino la metaxy de Platón, que propone un movimiento entre los polos opuestos, así como fuera de ella.

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