Carta de despedida a mis alumnos de bachillerato en su graduación

Burbuja de jabón transparente  sobre fondo primaveral.

I.E.S. O COUTO, CURSO 2017-2018 
 Este año se ha graduado una generación de chicos y chicas muy querida para mí.
A algunos llevo cuatro años dándoles clases, he sido tutora de muchos (de varios incluso dos cursos), un buen número ha formado parte del club de lectura durante años... 
¡En fin! Muchas vivencias, muchos recuerdos y muchas emociones difíciles de transmitir.
 He tenido el honor, además, de ser la encargada de dirigirles unas palabras durante el acto de graduación en nombre de sus profesores. Me decidí por escribirles una carta que ahora me gustaría compartir.
 Es esta:

Brazos hacia en centro de una mesa uniendo los puños sobre ordenadores.

Queridos alumnos, queridos amigos:

Estas últimas semanas vuestras vidas han estado cargadas de una gran intensidad. Algo termina. Algo también comienza. Os habrán dicho que ahora empezáis una nueva etapa, que ya sois adultos, que entráis en el mundo real. Pero, ¿qué es el mundo real? ¿Cómo es ser adulto? Bueno, ya os digo, desde mi experiencia, que ser adulto conlleva ciertos privilegios. Ya no tendréis que dar explicaciones si llegáis tarde, podréis jugar a la Play hasta altas horas de la madrugada, conduciréis vuestro propio coche...; pero también, a partir de ahora, accederéis a conocimientos intelectualmente superiores, descubriréis la profundidad de la naturaleza humana, veréis mundo, podréis leer libros hasta ahora vedados, os enamoraréis locamente, tendréis experiencias vitales intensas…, y facturas, hipotecas, divorcios... Sin embargo, también puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que nunca tendréis más ilusión, más fuerza y más pelo que en este momento.

El mundo en tus manos mano extendida con pequeño globo terráqueo.Pensando en este acto, lo primero que recordé fue cómo a muchos de vosotros os conocí cuando erais más bajitos, cuando no parabais de moveros, cuando teniais un entusiasmo ante la vida solo equiparable al trabajo que costaba manteneros tranquilos en un aula. A otros os conocí más tarde, ya entrados en esa etapa «seria» del instituto que llamamos bachillerato y, sin embargo, aprendí a apreciaros por la firmeza con la que lucháis por irrumpir en la vida de adultos, por la ilusión que invertís en recorrer el camino hacia la madurez. Os respeto —os respetamos todos— por ese afán tan digno.

Durante estos últimos años nos hemos cruzado por los pasillos, nos hemos aguantado en clases, hemos aprendido juntos, nos hemos enfadado, hemos discutido… Os he visto reír y os he visto llorar (sobre todo, estas últimas semanas, os he visto llorar).

Yo he vivido ya más de dos veces lo que vosotros habéis vivido y no creo saber ahora mucho más que cuando tenía dieciocho años. ¿Cómo podría aconsejaros? Las únicas certezas que me ha dado la vida no llegaron con los conocimientos, sino con las emociones más profundas: con el encuentro y las vivencias con las personas que amo y con las decepciones de los sueños fracasados; con el distanciamiento de aquellos que optaron por transitar otros caminos y con el encuentro fortuito con premios inesperados de la vida. En ningún caso parece que el hecho de buscar con ahínco o perseguir con frenesí una meta haya sido una garantía de alcanzarla.

Y sin embargo, si me preguntan si la educación, la constancia, el esfuerzo y los sueños tienen algún sentido, sin duda diría que es así. Porque los sueños son la semilla; la constancia y el esfuerzo, el abono, y la educación el arte que conjuga los instrumentos y la capacidad; la fórmula que nos permite avanzar en nuestra madurez y en la creación de nuestra identidad.

Pero estad seguros de que también los fracasos y los errores forman parte del proceso. No tengáis miedo a equivocaros. Veréis cómo cada lágrima será parte de la cimentación de ese sueño. Sentiréis que cada caída se convierte en un resorte para levantarse con más fuerza. No cabe la rendición. Es inútil la autocompasión. Solo vale la fuerza, la rabia por sobreponerse, la certeza íntima de un destino.

Disyuntiva: dos caminos en medio de un bosque

Hace poco les decía a mis queridas niñas del club de lectura que ellas eran las verdaderas delincuentes de la sociedad, cosa que me enorgullecía. Hoy puedo decíroslo a todos vosotros. Vosotros sois los rebeldes que habéis decidido aliaros con el bando inconformista. Habéis decidido leer, estudiar, pensar, saber... Habéis optado por la duda y la investigación. Habéis querido ir más allá de las consignas y preguntar a voz en grito: «¿Por qué?» «¿Por qué no puedo ser lo que quiero?» «¿Por qué decís que no hay salida, que no hay opciones, que no hay trabajo?» Os toca hablar. Tenéis que decirles a los que se sienten derrotados que hay futuro y que está en vuestras manos.

Recuerdos: otografías mezcladasDecía Juan José Millás que los adolescentes que se enfrentan al sistema deberían ser funcionarios del Estado. Porque los necesitamos. Os necesitamos. Necesitamos contestatarios e irreverentes que derriben las estructuras podridos de nuestra sociedad y renueven los cimientos que la sostengan con firmeza. Decía también este autor que el verdadero delincuente no es el que rompe farolas un sábado por la noche —¡pobre ingenuo!—. «El joven verdaderamente peligroso» —y cito textualmente— «es aquel que un viernes o un sábado por la noche se queda en casa leyendo Madame Bovary». En realidad, no importa si es Madame Bovary, o Así habló Zaratustra, o la Brevísima historia del tiempo. El caso es que vosotros habéis tomado la decisión de ser los que cuestionan, los que plantean la duda y proponen soluciones. Seréis los que digan «¡Basta ya!», los indignados que obliguéis a los esclavos de una moral rancia a aceptar que esta sociedad ya no puede consentir el machismo ni la violencia hacia las mujeres, ni el tráfico de influencias y la corrupción política, ni los abusos de poder en todos los sentidos, ni la megalomanía económica que asfixia el planeta que habitamos acabando cínicamente con sus recursos, ni las desigualdades económicas y sociales... Por eso tenemos fe en vuestro futuro. Tenemos fe en vosotros. No nos decepcionéis.

¡Muchísima suerte!

Gracias.
Ana Fidalgo


Chica en penumbra sentada en un columpio sobre un atardecer.

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